miércoles, 9 de abril de 2008

LA CELOSÍA DIGITAL: UN LIENZO REALISTA SOBRE LOS COMEDIANTES DE A PIE

Cualquier estación del año hace de Madrid una encantadora ciudad. Un paseo por las céntricas calles de la capital nos acerca a la hospitalidad de sus gentes, a la multiculturalidad de su ambiente y a los gritos de unos balcones que reivindican, celosos, un homenaje a sus muchos años de vida.
Hace apenas unos días, paseando por la calle de Atocha, el muro de una importante y conocida iglesia me transportó al siglo XVII. Jamás mis fantasías habían sido tan reales. Nunca antes la historia de mi ciudad natal había dado tanta vida a mi Yo Interpretativo. El estímulo que desató en mí ese estado de ánimo fue un cartel que recuerda al viandante que allí se halla enterrado un genio: don Félix Lope de Vega Carpio. Al instante, cientos de fotogramas se apoderaron de mi pensamiento. Se trataba de imágenes que tenían un escenario en común: la España de las Cimas y Simas o Luces y Sombras. De caminante contemplativo pasé, pues, a ser un madrileño del conocido Siglo de Oro de las Letras. Mi obligación moral de rendir juramento de fidelidad al gran maestro del Teatro Español me llevó a sentirme un ciudadano más de aquellos años en los que el autor de Fuente Ovejuna o El perro del hortelano alcanzaba una popularidad poco conocida hasta el momento. ¿Me encontraría paseando por el Madrid de entonces con el pintor sevillano Diego Velázquez? ¿Vería por alguna taberna a Francisco de Quevedo? ¿ Y sería capaz, delante de éste, de mostar mi gusto por algún poema de Luis de Góngora?
Caminando hacia la glorieta de Atocha me vinieron a la mente novelas como El Capitán Alatriste, de Pérez- Reverte, La gitanilla, de Cervantes, o Jaque a la reina y El Ritual de las Doncellas, del escritor y catedrático de Historia José Calvo Poyato. Sus hilos argumentales se desarrollan en el siglo XVII. Se me ocurrían muchas más obras que compartían este perfil temporal, pero lo que realmente me apetecía aquella tarde soleada era ver una obra de Lope. Mi imaginación me lo permitía. Ni siquiera el tráfico y el cruce de aceras me lo impedía. Mas otra duda bloqueaba mi mente y me hacía sentirme todavía más abstraído por el más allá: ¿en qué lugar del corral de comedias me ubicaría? ¿En los bancos? Descartaba tal opción. Mucha fantasía y engreimiento cultural me haría falta para imaginarme que en las primeras filas de aquel teatro habría un lugar para mí. Difícilmente podía ser yo un sabio del momento. En cambio, el embalaje de mi excesiva ilusión hacía factible la posibilidad de ser un crítico literario de la época de Felipe IV. Podría entonces ver la obra de teatro desde un buen lugar. Me emocionaba la idea.
La cazuela del corral no era mi espacio. Aunque, ¿quién sabe? Quizás en un pasado fui mujer.
La opción de los aposentos también la rechacé. En mi sueño no me atraía la idea de ser poderoso o noble. Seguramente mi lugar se encontraba en las entradas de a pie, en las gradas o en los desvanes.
Pero al llegar al corral de comedias descubrí que en aquellos espacios - donde plebeyos y aristócratas compartían emociones- había algo que me resultaba familiar: las celosías. Fue esa tarde cuando descubrí que Internet es un familiar directo de las celosías de antaño. La red de redes permite conocer el mundo que nos rodea permaneciendo ocultos. Nuestro hoy vendría a ser aquella obra de teatro donde nosotros, los ciudadanos o actores, interactuamos en sociedad ejecutando un papel determinado y en permanente evolución. Es justo en ese momento cuando se gesta mi idea: la creación de Celosía Digital. Nace así un blog que pretende ser un espacio profesional de opinión. En él analizaré la sociedad que vamos conformando con nuestras rutinas diarias, vínculos afectivos, y con el ejercicio -u ocasional o desgraciadamente frecuente ausencia de desarrollo práctico- de nuestros derechos y deberes (tanto morales como jurídicos). También me centraré en la elaboración de críticas literarias o artísticas y opinaré, qué duda cabe, sobre las dificultades y logros que puedan acaecer en el ámbito de lo político. Javier de Matrice.

SOBRE MÍ

SOBRE MÍ

EN TERCERA

Javier G. Cobo, nombre real de Javier de Matrice, nació en Madrid en 1982. Periodista digital y Licenciado en Comunicación Audiovisual por la Universidad Complutense de Madrid (2000-2005), ha sido becario de realización en Telemadrid y ha trabajado como redactor/presentador en Localia Fuenlabrada Televisión (2006). Su experiencia en radio pasa por la redacción/locución de los Servicios Informativos de Radio Complutense -107,5 FM- (2000-2004) y por la realización de crónicas y cuñas puntuales para Cadena Ser Madrid Sur. Es también diplomado en Arte Dramático por Metrópolis c.e. , y ha sido dirigido en teatro por Tina Sainz (preproducción de Nuestra Ciudad, 2004), Pilar Vicente (La tienda de los horrores, 2009), P. Moraelche (Bésame, tonto, 2010), Javier Delgado (El enfermo imaginario, 2011), Patricia Chávarri (El Rey Sol, 2012) y Alfonso Gómez (¡Usted es Ortiz!, 2013). Es asimismo autor de Los calostros de la Gachosa (teatro breve). En televisión ha colaborado como actor en programas como Cyberclub, La Nuestra o Sucedió en Madrid (Telemadrid, 2005). Actuaciones en cine [cortometrajes]: Así fue (Julia Gangutia, 2013), Ni siquiera Descartes (Trinidad Sánchez y Daniel Lavín González, 2013), Nada sin mí (Rodrigo Delgado y Jorge Escudero, 2013) y Extraterrestres generosos (Trinidad Sánchez, 2013). Actuaciones en web series: Sayón (The Executioner), dirigida por George Karja (2013-2014).
Contacto: javierdematrice@gmail.com