
“A todos. Dicen que la música amansa a las fieras”. Así respondía Ainhoa Arteta en una entrevista para
El País publicada el pasado 22 de junio cuando se le preguntaba el nombre del político al que cantaría un aria de amor. Original y conocida manera de definir a los que se encargan de gobernarnos. Pero no seré yo quien emplee el término fiera para referirme a Suñé, el concejal de Iniciativa per Catalunya en Torredembarra que hasta hace bien poco planteaba en su blog personal la posibilidad de que los catalanes apadrinasen niños extremeños como muestra añadida al cumplimiento del constitucionalizado principio de solidaridad entre regiones. Me desmarco del calificativo empleado por la soprano para referirme a la inoportuna propuesta del que fuera cabeza de lista por ICV en Tarragona en las legislativas del pasado mes de marzo. La razón: no me gusta hacer lo que no me agrada que me hagan. La posible ofensiva léxica se traduciría en un pago con la misma moneda. Y en estos momentos de crisis no estamos para derrochar monedas de euro. Por ello me referiré a Lluís Suñé, no como bestia de coliseos políticos, sino como aquel edil que nos puede recordar por tan tamaña irresponsabilidad a los unguiculados hámsters. A esos roedores domésticos que no calculan el riesgo cuando se precipitan al vacío desde el sofá de su dueño. También, cómo no, a los cangrejos. Al menos por su comportamiento pro solidaridad vía
Extremadura needs you. Al igual que hace el decápodo, Suñé ha demostrado que primero hinca sus pinzas y luego recula. Sí, pide perdón. Reacción no sorprendente si se tiene en cuenta la respuesta de Iniciativa per Catalunya, el Gobierno extremeño y todo ciudadano sensato: reprobación. Rechazo por dar cabida en su página digital a un anuncio que propone apadrinar a un niño extremeño por 1.000 euros al mes, utilizando para ello la imagen de dos niños malvestidos. Uno de ellos sin ropa interior. Con los genitales al aire. El colmo de la irritabilidad. La mejor muestra de mentes nauseabundas. ¿Dónde quedan los derechos del niño? Recusación también por ofender la identidad y buena imagen del pueblo extremeño. Y asimismo inaceptable desde mi punto de vista por ironizar con algo tan serio como el apadrinamiento de gente necesitada. Por dañar indirectamente al que tiene la necesidad de proporcionar cariño y tender la mano al que precisa de ayuda. “El lamentable episodio protagonizado por el edil de Tarragona, Lluís Suñé, no resulta sólo humillante para Extremadura, sino más todavía para los catalanes que, en la inmensa mayoría, de ningún modo participamos de las ideas de esa caterva de la más reaccionaria ultraderecha xenófoba… disfrazada de izquierda progre, capaz de utilizar la imagen de unos inocentes críos paupérrimos al estilo de “los olvidados” buñuelescos, para promocionar su ideario independentista. Algo más que una simple micción fuera del gladiolo, todo un ejemplo de sensibilidad de alquitrán, muy al estilo de lo que se lleva en la tropa a la que pertenece ese personaje al que deberían obligar a salir por patas. Y no digo por piernas, que sería concederle una condición que no parece que le corresponda”, opinaba Jordi S. Berenguer, de Barcelona, en la sección
Cartas del Lector del diario
La razón (edición del pasado 2 de agosto). Aunque ambientada en México, bien es cierto que la película de Luis Buñuel recuerda por la penuria de sus personajes al cartel de la polémica campaña de "solidaridad". Perfectamente podrían ocupar el lugar de los niños retratados El Jaibo y Pedro, protagonistas de
Los Olvidados. O las tres niñas que empapan su pan en agua en
Tierra sin pan, también del director turolense. Pero la realidad se aleja de esta ficción publicitaria que ironiza con que el 8, 7% del PIB no es suficiente. Los extremeños, afortunadamente, no comen ratas como lo hacían algunos personajes “delibescos” en la Castilla profunda de los años 50. Y tampoco se orinan en sus manos para evitar que éstas se corten, tal como hacía Azarías (Paco Rabal) en la adaptación cinematográfica de
Los Santos Inocentes, filme dirigido por Mario Camus. Ya podría haberse retratado, y sin mofa, a Lolita, de
El hombre de arena (José Manuel González-Berbel), que más cerca se halla de la imagen de los niños extremeños: educados, limpios, atendidos y agradecidos. Como todos los españoles y, por ende, los habitantes de todas las comunidades autónomas, incluida, por supuesto, la catalana.
Javier de Matrice.