Días de eclipses en nuestro país. Barcelona nubla el nombre del 56 festival de Donostia Zinemaldia y Penélope Cruz hace leña del haya rubia tan cuidadosamente podada por Woody Allen en Match Point y Scoop. Scarlett Johansson, una de las actrices favoritas del director neoyorquino en su extenso universo de mujeres –Diane Keaton, Mia Farrow o Charlize Theron, entre otras- se repatinga en la exageración de sus gestos faciales y su dulce atractivo físico para hacer de Vicky Cristina Barcelona otro de los podios interpretativos de la que hoy día sigue siendo musa de Almodóvar: Penélope Cruz. Podrán decir que el último filme de Allen es una secuencia de postales y recordatorios de la ciudad condal. Cierto es. También podrán reprocharle al director de Melinda y Melinda que explote en nuestros rincones el papel del macho latino. Algunos, incluso,-y con esto me refiero a algunas mentes rebuscadas y creativas del PP- podrían ver en la amistad de Juan Antonio (Javier Bardem) con las prostitutas de su barrio una apología de la prostitución. Pero Vicky Cristina Barcelona, más allá de lo que a uno le pueda gustar desde el punto de vista narrativo o de su discurso fílmico, es una vuelta al humor único de Woody Allen. Un regalo que el cinéfilo esperaba ansiosamente tras películas sin forma como El sueño de Casandra u otras obras rodadas en Gran Bretaña alejadas del cine europeo. Con Vicky Cristina Barcelona Allen demuestra que no tiene doble a la hora de conjugar sobre fotogramas la enfermedad mental y el humor. Analícense si no las réplicas y contrarréplicas de Juan Antonio y Maria Elena (Penélope Cruz) en esta película de Mediapro, momentos que marcan el verdadero inicio del filme y el punto de partida de las risas del espectador. Una comedia romántica, animada y ligera que añade otro volumen más a los habituales trabajos de psicología sobre celulosa del director de gafas negras y pantalones de pana. Tras retratar la neurosis, los personajes camaleónicos ( Zelig), la bipolaridad de la identidad femenina, o el mundo del psicoanalista (Adulterios), ahora Allen profundiza en la autodestrucción, en las relaciones tortuosas, en el arte como expresión de grandes emociones y en la necesidad de apoyo al enfermo mental, quizás la moraleja más importante de este “episodio vacacional” protagonizado por un Bardem que, sin ser guapo, logra con suficiencia el papel de macho ligón. Merecido el Premio Nacional de Cinematografía que el pasado 19 de septiembre recibió en San Sebastián –por sus triunfos internacionales- de manos del ministro de Cultura, César Antonio Molina. Por otro lado, titánica -por encima de todo el elenco de actores- la interpretación de Penélope Cruz, que quizás le valga la nominación al Oscar por su papel de ex mujer racial y temperamental. No obstante, la actriz madrileña tendrá garantizados muchos otros premios internacionales, bien sea por su trabajo en su primera película con Allen, por su roll en Los abrazos rotos (Almodóvar), o por su participación en el musical Nine (Rob Marshall), filme que comenzará a rodar el mes de octubre y en el que tendrá como compañeros de cartel a Nicole Kidman, Judi Dench, Daniel Day- Lewis, Sophia Loren y Marion Cotillard. Ahí es nada. Javier de Matrice.domingo, 21 de septiembre de 2008
VICKY CRISTINA BARCELONA
Días de eclipses en nuestro país. Barcelona nubla el nombre del 56 festival de Donostia Zinemaldia y Penélope Cruz hace leña del haya rubia tan cuidadosamente podada por Woody Allen en Match Point y Scoop. Scarlett Johansson, una de las actrices favoritas del director neoyorquino en su extenso universo de mujeres –Diane Keaton, Mia Farrow o Charlize Theron, entre otras- se repatinga en la exageración de sus gestos faciales y su dulce atractivo físico para hacer de Vicky Cristina Barcelona otro de los podios interpretativos de la que hoy día sigue siendo musa de Almodóvar: Penélope Cruz. Podrán decir que el último filme de Allen es una secuencia de postales y recordatorios de la ciudad condal. Cierto es. También podrán reprocharle al director de Melinda y Melinda que explote en nuestros rincones el papel del macho latino. Algunos, incluso,-y con esto me refiero a algunas mentes rebuscadas y creativas del PP- podrían ver en la amistad de Juan Antonio (Javier Bardem) con las prostitutas de su barrio una apología de la prostitución. Pero Vicky Cristina Barcelona, más allá de lo que a uno le pueda gustar desde el punto de vista narrativo o de su discurso fílmico, es una vuelta al humor único de Woody Allen. Un regalo que el cinéfilo esperaba ansiosamente tras películas sin forma como El sueño de Casandra u otras obras rodadas en Gran Bretaña alejadas del cine europeo. Con Vicky Cristina Barcelona Allen demuestra que no tiene doble a la hora de conjugar sobre fotogramas la enfermedad mental y el humor. Analícense si no las réplicas y contrarréplicas de Juan Antonio y Maria Elena (Penélope Cruz) en esta película de Mediapro, momentos que marcan el verdadero inicio del filme y el punto de partida de las risas del espectador. Una comedia romántica, animada y ligera que añade otro volumen más a los habituales trabajos de psicología sobre celulosa del director de gafas negras y pantalones de pana. Tras retratar la neurosis, los personajes camaleónicos ( Zelig), la bipolaridad de la identidad femenina, o el mundo del psicoanalista (Adulterios), ahora Allen profundiza en la autodestrucción, en las relaciones tortuosas, en el arte como expresión de grandes emociones y en la necesidad de apoyo al enfermo mental, quizás la moraleja más importante de este “episodio vacacional” protagonizado por un Bardem que, sin ser guapo, logra con suficiencia el papel de macho ligón. Merecido el Premio Nacional de Cinematografía que el pasado 19 de septiembre recibió en San Sebastián –por sus triunfos internacionales- de manos del ministro de Cultura, César Antonio Molina. Por otro lado, titánica -por encima de todo el elenco de actores- la interpretación de Penélope Cruz, que quizás le valga la nominación al Oscar por su papel de ex mujer racial y temperamental. No obstante, la actriz madrileña tendrá garantizados muchos otros premios internacionales, bien sea por su trabajo en su primera película con Allen, por su roll en Los abrazos rotos (Almodóvar), o por su participación en el musical Nine (Rob Marshall), filme que comenzará a rodar el mes de octubre y en el que tendrá como compañeros de cartel a Nicole Kidman, Judi Dench, Daniel Day- Lewis, Sophia Loren y Marion Cotillard. Ahí es nada. Javier de Matrice.SOBRE MÍ
EN TERCERA
Javier G. Cobo, nombre real de Javier de Matrice, nació en Madrid en 1982. Periodista digital y Licenciado en Comunicación Audiovisual por la Universidad Complutense de Madrid (2000-2005), ha sido becario de realización en Telemadrid y ha trabajado como redactor/presentador en Localia Fuenlabrada Televisión (2006). Su experiencia en radio pasa por la redacción/locución de los Servicios Informativos de Radio Complutense -107,5 FM- (2000-2004) y por la realización de crónicas y cuñas puntuales para Cadena Ser Madrid Sur. Es también diplomado en Arte Dramático por Metrópolis c.e. , y ha sido dirigido en teatro por Tina Sainz (preproducción de Nuestra Ciudad, 2004), Pilar Vicente (La tienda de los horrores, 2009), P. Moraelche (Bésame, tonto, 2010), Javier Delgado (El enfermo imaginario, 2011), Patricia Chávarri (El Rey Sol, 2012) y Alfonso Gómez (¡Usted es Ortiz!, 2013). Es asimismo autor de Los calostros de la Gachosa (teatro breve). En televisión ha colaborado como actor en programas como Cyberclub, La Nuestra o Sucedió en Madrid (Telemadrid, 2005). Actuaciones en cine [cortometrajes]: Así fue (Julia Gangutia, 2013), Ni siquiera Descartes (Trinidad Sánchez y Daniel Lavín González, 2013), Nada sin mí (Rodrigo Delgado y Jorge Escudero, 2013) y Extraterrestres generosos (Trinidad Sánchez, 2013). Actuaciones en web series: Sayón (The Executioner), dirigida por George Karja (2013-2014).
Contacto: javierdematrice@gmail.com