lunes, 13 de octubre de 2008

HUMOS DE AYER

Como dos hula hops gobernados por lo estático se han quedado mis ojos al ver la facilidad con la que habitualmente se compara el pasado con la absoluta ignorancia o plena desinformación. Durante estos días esta equívoca asociación ha rodado por mi cabeza como en muchos otros momentos distintos y multiformes aros lo han venido haciendo con asiduidad. Y con absoluta dedicación, claro está. El motivo: el intento frustrado de un valenciano de 75 años de hacer responsable al Estado del cáncer de laringe que padece. ¿Es razonable que un ciudadano que toma libremente una decisión –recordemos que nunca le fue impuesto el hábito de fumar-solicite una indemnización de 300.000 euros a una institución que todos conformamos con nuestros deberes económicos, incluidos aquellos que durante muchos años sí que hemos tenido que respirar a la fuerza los malos humos –en sentido literal y metafórico- de algún que otro maleducado suelto? Si la Audiencia Nacional hubiese dado la razón a este ciudadano en su interesado argumento, ¿no es cierto que se habría creado una jurisprudencia en favor de aquellos potenciales enfermos de cáncer que, en un futuro inmediato, pudieran también solicitar al ministerio de Economía idénticas responsabilidades alegando que hace decenas de lustros frecuentaban determinados bares y tabernas sin saber que el humo que sus compañeros exhalaban era extremadamente nocivo para su salud? Atrevido por mi parte sería cuestionar si el demandante conocía o no los efectos negativos de la nicotina en una época en la que no abundaban las ahora tan rentables para el Estado campañas anti tabaco. Recordemos que un reciente estudio realizado por la Universidad de California revela que por cada dólar invertido en 15 años de lucha contra el tabaco, los ciudadanos y las instituciones que nos representan nos hemos ahorrado 50. Lo que sí puedo decir con certeza es que la respuesta habitual que escucho de boca de aquellos octogenarios que he podido encontrar estos días en los cafés a los que ocasional o aleatoriamente he acudido es un “se sabía que (el tabaco) bueno no era”. Entra aquí pues en escena el eje dinamizador de mi reflexión. ¿No contribuyen situaciones como éstas a alimentar la errónea idea de que el pasado es sinónimo de desconocimiento y obscurantismo? Perplejos se quedarán quienes disientan de mi propósito cuando, si les es posible, acudan a la exposición que hasta el 18 de enero de 2009 acoge CaixaForum: Príncipes etruscos. Entre Oriente y Occidente. Es entonces cuando descubrirán lo mucho que se conocía hace más de 2.500 años y lo poco que hemos avanzado en el plano artístico y cultural. Probablemente se reirían los habitantes de este antiguo pueblo de las fatalistas justificaciones de nuestras generaciones pasadas más próximas. Aunque parezca anecdótico aludir a ello, hay que decir que infinidad de reliquias que alberga la muestra, entre ellas una cantimplora de finales del siglo VII a.C. -sorprendente por su perfección-, dos cálices del S. VII a.C. idénticos a los que hoy se emplean en las ceremonias religiosas católicas, un brasero de Vulci del s. IV a.C. que poco se diferencia de los que hasta ayer empleaban nuestras abuelas, un colador de Bolsena del año 330 a.C. similar en detalles y forma a los que usamos a diario en nuestras tareas domésticas, candelabros, joyas y muchas obras de artesanía –ánforas, por ejemplo- trabajadas con las técnicas más exquisitas, reprocharán al visitante desde sus vitrinas que la sociedad actual se haya agenciado el título de la creación e innovación. Pondrán en evidencia que sólo hemos descubierto Internet y avanzado enormemente en Salud y derechos( afortunadamente, todo hay que decirlo). Sólo entonces, y con un mínimo conocimiento de la historia de la Humanidad, los más presuntuosos comprenderán que el Ayer no significa ceguera , y que los años no justifican la ignorancia. Deberíamos dejar de recurrir a trémulas situaciones del pasado para tapiar peligros que hemos consentido. ¿Demandarán también al Estado los familiares de las 16.000 personas que murieron en España en el 2007 debido a la contaminación del aire? ¿No es éste también un riesgo que cuenta con nuestro visto bueno? ¿No es la emisión del dióxido de nitrógeno que expulsa el coche de todo españolito uno de los principales contaminantes atmosféricos de nuestro país? Javier de Matrice.

SOBRE MÍ

SOBRE MÍ

EN TERCERA

Javier G. Cobo, nombre real de Javier de Matrice, nació en Madrid en 1982. Periodista digital y Licenciado en Comunicación Audiovisual por la Universidad Complutense de Madrid (2000-2005), ha sido becario de realización en Telemadrid y ha trabajado como redactor/presentador en Localia Fuenlabrada Televisión (2006). Su experiencia en radio pasa por la redacción/locución de los Servicios Informativos de Radio Complutense -107,5 FM- (2000-2004) y por la realización de crónicas y cuñas puntuales para Cadena Ser Madrid Sur. Es también diplomado en Arte Dramático por Metrópolis c.e. , y ha sido dirigido en teatro por Tina Sainz (preproducción de Nuestra Ciudad, 2004), Pilar Vicente (La tienda de los horrores, 2009), P. Moraelche (Bésame, tonto, 2010), Javier Delgado (El enfermo imaginario, 2011), Patricia Chávarri (El Rey Sol, 2012) y Alfonso Gómez (¡Usted es Ortiz!, 2013). Es asimismo autor de Los calostros de la Gachosa (teatro breve). En televisión ha colaborado como actor en programas como Cyberclub, La Nuestra o Sucedió en Madrid (Telemadrid, 2005). Actuaciones en cine [cortometrajes]: Así fue (Julia Gangutia, 2013), Ni siquiera Descartes (Trinidad Sánchez y Daniel Lavín González, 2013), Nada sin mí (Rodrigo Delgado y Jorge Escudero, 2013) y Extraterrestres generosos (Trinidad Sánchez, 2013). Actuaciones en web series: Sayón (The Executioner), dirigida por George Karja (2013-2014).
Contacto: javierdematrice@gmail.com