
Se puede ser ciego y ser un buen actor. Si no, pregúntenselo a quienes vieron el pasado mes de septiembre en el patio de La Casa Encendida
La retina transparente, obra de teatro interpretada por la compañía de actores invidentes Contando Hormigas que se encuadró dentro de la VI Edición del Festival Internacional de Artes Escénicas y Discapacidad del centro cultural del osito verde. De la misma manera, se puede ser ciego y ver la Alhambra. Desmiento yo así en parte esos versos de Francisco de Icaza que decían “Dale limosna, mujer, / que no hay en la vida nada/ como la pena de ser ciego en Granada”. La fortaleza roja de la colina de la Sabika huele a rica hierba. A jazmín o azahar. A ese incienso candente capaz de hipnotizar a la bestia más fiera, sea animal o humana. Cualquiera que sea abandonado con los ojos vendados en los jardines del Partal sabrá por su olor que está en Granada. Así es la Alhambra, escenario contemporáneo de peticiones matrimoniales. De devotos del Arte. De apasionados por la jardinería que buscan contemplar la flor más exquisita e inusual. De almas flamencas que taconean sobre la Alcazaba los versos de Lorca. Y, cómo no, de gente de a pié que viaja desde los más recónditos lugares del mapamundi para saludar a uno de los testigos más vivos de la Historia de España. Más de 3 millones de visitas ha recibido el recinto de la Alhambra durante el ya finalizado año 2008. “Ahí es ná”, como dirían los lugareños del Darro. Monumento más visto de España, por delante del madrileño Museo del Prado y de la barcelonesa Sagrada Familia. Si bella es la maja durante los meses de mayo y agosto, imagínensela durante estos dos próximos años acogiendo las actividades que se preparan para homenajear al escritor norteamericano Washington Irving por el 150 aniversario de su muerte. Feliz se sentiría el autor de
El jinete sin cabeza y
Cuentos de la Alhambra si pudiera ver lo mucho que agradece el pueblo andaluz sus trabajos y estudios hispanoarábigos. Por otra parte, curioso resulta que el Castillo Rojo sea uno de nuestros monumentos más emblemáticos y que, según el último barómetro del Centro de Investigaciones Sociológicas, el 44% de la población prefiera vivir con gente de su misma cultura. Psicología del interés, diría yo. Al menos ahí quedan ellos, los monumentos, “viendo pasar el tiempo”. Contemplando nacimientos y muertes. Alegrías y penas. Amores y odios. Pasiones de gente que no sabe vivir la vida sin dañar a diferentes o a iguales. Echando un vistazo a la web
www.qantara-med.org entiendo aún menos el miedo a la multiculturalidad. ¿Qué hubiera sido del Mediterráneo sin sus intercambios culturales? Urbes monocromas y amuralladas. Escenarios insípidos pintados por el más clásico de los artistas. Lo siento, Granada. Como dice tu canción, “no tengo otra cosa que darte que un ramo de rosas”, en esta ocasión como protesta por las más de mil personas muertas –y más de 4.600 palestinos heridos- tras la ofensiva israelí en la franja de Gaza. Espero que algún día los seres humanos logremos aprender a convivir. Porque, como ya señaló en su momento el escritor Thomas Mann, las determinaciones belicosas son la “salida cobarde a los problemas de la paz”.
Javier de Matrice.