
Adonis por fin se somete a la limpieza de su ombligo. Obama ha sacado pico y pala para comenzar a depurar del ego
yankee más rancio su curiosa manera de defender la libertad. El primer picazo lo ha dado sobre Guantánamo. Promesa cumplida. El nuevo presidente
esférico ha firmado por fin –el pasado jueves 22 de enero- una orden para echar cerrojazo a la polémica prisión militar en el plazo máximo de un año. Se tapiará así finalmente una cárcel fantasma que atentaba ferozmente contra un derecho que en nuestro país es inherente al ser humano: el derecho a la integridad física y moral. La prisión, abierta en 2002 tras el 11-S, contravenía con descaro el artículo 5 de
la Declaración Universal de los Derechos Humanos: “Nadie será sometido a torturas ni a penas o tratos crueles, inhumanos o degradantes”. De este modo, Obama pone a fin a prácticas que desatendían lo acordado en
la Convención de Ginebra. A un campamento de torturas en el que no se aplicaba la legislación de EE UU. En el imaginario de la sociedad quedarán grabadas las imágenes del aislamiento. Las instantáneas de aquellos presos que eran privados de ver u oír. Pasarán a la historia aquellos campos de prisión con celdas en las que jamás se apagaba la luz. Aquel centro marcado por la privación del sueño, la exposición a altas temperaturas, la asfixia simulada o la humillación sexual. El gran Obama, cuya toma de posesión siguieron en EE UU casi 38 millones de telespectadores, cierra un centro en el que los presos no podían recibir visitas. Una prisión que no garantizaba a los enjaulados un espacio de confidencialidad con sus abogados. Una cárcel que abría la correspondencia de los presuntos terroristas islámicos. Eso sí que eran garantías a la presunción de inocencia. Barbarie en estado puro. Para los inocentes, primero la pena. Después ya venía la libertad. Razonamiento macabro donde los haya. Esperemos que se ajusticie a los verdugos. Y no me refiero sólo a los autóctonos, sino también a los colaboracionistas europeos. A los cómplices de aquellos vuelos secretos estadounidenses que pasaron por territorio europeo. Faltaría más. ¿Qué pasará, por otra parte, con los prisioneros que quedan en la bahía cubana, aproximadamente unos 250? Esta es otra de las problemáticas. Sus casos serán revisados. Algunos serán acogidos (probablemente) por países europeos- con sus consiguientes debates nacionales-. El
resto,
sometidos a la jurisdicción estadounidense. Aquí radica el dilema: ¿deberían los imputados por terrorismo ser juzgados por un sistema legal específico o por una corte civil? Amnistía Internacional defiende la segunda vía. “Lo que Amnistía Internacional pide es que se abandone por completo el uso de comisiones militares. Todos los detenidos que están pendientes de juicio deberían ser procesados por tribunales civiles ordinarios”, declaraba a
Metro el pasado 22 de enero Maribel Tellado, Responsable de la campaña
Contra el Terror, Justicia, de Amnistía Internacional. Sea cual sea el fallo o destino de los presos, sean terroristas o no, lo cierto es que el más
powerful del mundo ha dado un paso adelante en la defensa de los derechos humanos. Todavía queda la abolición de la pena capital, muy
sonada estos días en China tras ser condenados a muerte dos de los acusados de añadir melamina a la leche que hace poco acabó con la vida de 6 bebés y con la intoxicación de 300.000 niños. ¿Es todavía el pago con la misma moneda la ley a seguir hoy en día? ¿Dónde quedan los Estados de Derecho? Lo que queda claro es que somos un sándwich cubierto por dos rebanadas que no cuentan entre sus ingredientes con el derecho a la vida que debe tener todo ciudadano. Inaceptable.
Javier de Matrice.