
La crisis inyecta veneno en nuestras cabezas. Desde que asomó la puntita de sus abarcas en nuestro país, el número de pacientes que asiste al psicólogo ha aumentado entre un 10 y un 20%. Los motivos se cree que pueden ser el miedo a sumarse a la larga lista del paro. Si es que los intoxicados por esta recesión ya oficial –por el Banco de España- no están previamente en situación de desempleo, que esa es otra. Temores perfectamente comprensibles cuando uno se da cuenta de que con una jarra de agua no puede regar cien fanegas de necesidades y compromisos deudores. Pero afortunadamente tenemos a nuestros vecinos los franceses vociferando en su salón propuestas empresariales que yo, como portero de la información, recojo con mi esponjosa oreja para proponérselas a ustedes en mi entreplanta cibernética. La novedad que esta vez absorbe mi atención es el hecho de que algunos empleados franceses podrán disponer de cheques similares a los vales de comida actuales para permitirse el lujo de acudir a terapia psicológica. Suministrados por sus empresas, obviamente. La idea parte de varias compañías (asentadas en Francia) que se han dado cuenta de que la preocupación de sus trabajadores por la inestabilidad laboral que estamos atravesando puede afectar negativamente al rendimiento del capital humano, y por ende, a la consecución de sus objetivos empresariales. ¡Diana! Lo que más me sorprende es que nuestros jefes todavía no se hayan dado cuenta de que hay que cuidarnos un poquito para que podamos dar lo mejor de nosotros. Aunque hay al menos 102 compañías en España que tienen contratado un servicio de asistencia psicológica para su plantilla y familiares, todo hay que decirlo-aunque con poco orgullo por parecerme escaso el número de éstas-, debo reconocer que la “fórmula-cheque” es uno de los mejores beneficios sociales que se han podido pensar para afrontar la crisis. Ojalá hubieran podido disfrutar de él los empleados que trabajaban para el diario gratuito
Metro, pues quizás con esta ayuda estarían cogiendo estos días muchísimas herramientas para aprender cómo hacer frente a comportamientos con tan magna desidia (el del inesperado cerrojazo de este periódico en España). Aunque para ello probablemente necesitarían unos veinte talones, porque tal y como está el panorama, casi mejor hibernar hasta que Chacón gobierne España. Bien vendrían también estos vales para poder dar solución al estrés laboral que tan mal reflejó Max Lemcke en
Casual Day. O para ayudar a ese más de medio millón de empleados que, según la última Encuesta de Población Activa publicada por el Instituto Nacional de Estadística, afirman haber padecido algún tipo de violencia en su puesto de trabajo a lo largo del último año. Por no hablar de las cerca de 375.000 personas que en este estudio del 2007 declaraban haberse sentido acosadas o intimidadas por su empresa o por sus jefes. Vergonzoso. Correr, en este sentido, no es la solución, sino los tribunales. Pero, en otro orden de cosas, hay que reconocer que el ejercicio físico sí es bueno para el estrés. De hecho, algunas empresas españolas ya programan propuestas deportivas para sus empleados. Ávidos son en el fondo, pues está comprobado científicamente que el ejercicio infunde aliento a la actividad cognitiva -favoreciendo así el rendimiento de nuestra inteligencia-, potencia nuevas interconexiones entre nuestras neuronas, alivia la ansiedad y modula los bajos estados de ánimo. Nada es gratuito, como podemos comprobar. De hecho, se estima que el empleado que practica deporte ahorra a su empresa 600 euros al año. Ya nos vemos dentro de poco haciendo el Test de Cooper en las inhabilitadas salas de fumadores. “Mejor no des ideas”, me aconseja en estos momentos mi oronda almohada. Así será.
Javier de Matrice.