Nostálgicas. Nerviosas. Amargas. Tensas. Falsas. Incómodas.
Absolutorias. Románticas. Frívolas. Vengativas. Acogedoras. Autocomplacientes.
Fugaces. Irónicas. Absortas. Conformistas. Y así, tantas como ovejitas para un
búho vago. No pretendo hacer un guiño al catálogo de tetas que Francisco García
Pavón puso en boca del Faraón en El
reinado de Witiza. Hablo de distintos tipos de sonrisa. Y me alejaré de
cualquier postura teorizante porque basta con ver para entender. Si paseamos
durante unos minutos por cualquier centro de ciudad, nuestros ojos filmarán
buena parte de ellas. Y al llegar a casa, muchas otras más íntimas y sinceras.
Pero el negativo de nuestra retina no es nada revelador. Intuimos qué se
esconde detrás de todas ellas. Por eso las correspondemos o las excusamos. Las
ignoramos o reverenciamos. Sin embargo, hay una que sí merece un encuadre
especial: la solidaria. El pasado 24 de diciembre leí un artículo de Almudena
Grandes en su carrete habitual que la positivó en mi mente como una de las más
importantes. Con sus palabras la escritora quiso felicitar la Navidad a héroes
y luchadores de a pie. Entre otros, a los abuelos que en Nochebuena tuvieron
que cocinarse una tortilla francesa para que a sus nietos les pueda caer algún
juguete. Y no precisamente del cielo. Ésas son las más válidas. Incondicionales
y amorosas. Transparentes y valientes. Como las de los ciudadanos que poco a
poco, y aún noticia por su escasez, van cediendo durante un tiempo sus
propiedades deshabitadas a víctimas de desahucios. Con el sufragio de los
costes de mantenimiento como contraprestación. Chapó. Ése con el que algunos
políticos deberían cubrir su sonrisa en el ejercicio de sus funciones. Que
bendita la gracia que me haría que me operase un monologuista de la Paramount
Comedy. O que me anestesiara la Vieja del Visillo. Ni sonrisas de cercanía ni
infundios de consolación. La proximidad se alcanza con una proporcionalidad
sensata de las rebajas y gravámenes en los diferentes estratos. Y ahí parece
que vamos dando los primeros pasos. A ver si la revisión del régimen
retributivo de los diputados manchegos se expande cual filoxera por toda la
cepa política de nuestro país. Dejándonos de exclusividades o compatibilidades.
O de butacas en las que se sienten. Que sólo así esos que sonríen se darían
cuenta de que en el ágora únicamente deberían de hacerlo cuando se genere
empleo. Algunos le llaman a este tijeretazo devaluación de la función política.
Yo, sonrisa de solidaridad. Javier de Matrice.
domingo, 30 de diciembre de 2012
domingo, 23 de diciembre de 2012
ZAFIA NAVIDAD
Abro un ojo y no me lo puedo creer. ¿Para qué pongo el despertador? De mi segundo sueño me despierta el carraspeo flemático de mi vecino del tercero. Y ahora, del cuarto, campanas amontonadas y ángeles noticieros. Las alas azules de uno de ellos me informan del peligro. Saben que mi abuelo, pastor, quiere llevarle a Jesús requesón, manteca y vino. Y me aconsejan que sea raudo. Que llegue antes que los Reyes Magos, ya que la raza negra de Baltasar podría traer consigo el sufrimiento de aquello que alimenta el pocillo blanco en el que mi vecino del tercero despliega su orquesta sifónica. Lo siento, los chistes de Twitter pueden versionarse. Y si yerro, yo también pincho mal. Pero yo le diría que se apresurara para poder embozar cuanto antes con mi sábana esos villancicos hilvanados por la cansinería más extrema. Con suerte, botella de ron y cucharón mediante. Del abuelete y del tío licenciao que todas las Nochebuenas irrita al pavo con que ha nacido para músico. Eso sí, acompañando el tintineo de la cuchara de repartir paella con una cara de bacín que no cabe en el villancico. Suerte que el single no es de Raphael, pues los aspavientos del cucharón hubieran podido provocar auténticos recortes. De los físicos, que de los otros ya estamos bien servidos por el chef que proponía en la carta del día muy buenos guisos. Y por la empresaria de hostelería alemana con peinado de campechana. Hambre me entra. Suerte que todavía soy uno de los que puede llevarse a la boca algo que no proviene de la amabilidad del voluntariado. Seguidamente abro el otro ojo y me asomo a la ventana. Pero ni rastro de niño en la cuna. Veo a muchos otros pidiendo el aguinaldo sin acompañamiento de latón. Sólo con las manos y aplausos de sacarina. Con mirada de lazarillos y pulso de Jack Reacher. ¿Dónde está la pandereta? Con suerte imputan a los Reyes Magos por el robo de la misma y nos libramos del roscón monetario. Javier de Matrice.
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SOBRE MÍ
EN TERCERA
Javier G. Cobo, nombre real de Javier de Matrice, nació en Madrid en 1982. Periodista digital y Licenciado en Comunicación Audiovisual por la Universidad Complutense de Madrid (2000-2005), ha sido becario de realización en Telemadrid y ha trabajado como redactor/presentador en Localia Fuenlabrada Televisión (2006). Su experiencia en radio pasa por la redacción/locución de los Servicios Informativos de Radio Complutense -107,5 FM- (2000-2004) y por la realización de crónicas y cuñas puntuales para Cadena Ser Madrid Sur. Es también diplomado en Arte Dramático por Metrópolis c.e. , y ha sido dirigido en teatro por Tina Sainz (preproducción de Nuestra Ciudad, 2004), Pilar Vicente (La tienda de los horrores, 2009), P. Moraelche (Bésame, tonto, 2010), Javier Delgado (El enfermo imaginario, 2011), Patricia Chávarri (El Rey Sol, 2012) y Alfonso Gómez (¡Usted es Ortiz!, 2013). Es asimismo autor de Los calostros de la Gachosa (teatro breve). En televisión ha colaborado como actor en programas como Cyberclub, La Nuestra o Sucedió en Madrid (Telemadrid, 2005). Actuaciones en cine [cortometrajes]: Así fue (Julia Gangutia, 2013), Ni siquiera Descartes (Trinidad Sánchez y Daniel Lavín González, 2013), Nada sin mí (Rodrigo Delgado y Jorge Escudero, 2013) y Extraterrestres generosos (Trinidad Sánchez, 2013). Actuaciones en web series: Sayón (The Executioner), dirigida por George Karja (2013-2014).
Contacto: javierdematrice@gmail.com