domingo, 30 de diciembre de 2012

SOLIDARIOS



Nostálgicas. Nerviosas. Amargas. Tensas. Falsas. Incómodas. Absolutorias. Románticas. Frívolas. Vengativas. Acogedoras. Autocomplacientes. Fugaces. Irónicas. Absortas. Conformistas. Y así, tantas como ovejitas para un búho vago. No pretendo hacer un guiño al catálogo de tetas que Francisco García Pavón puso en boca del Faraón en El reinado de Witiza. Hablo de distintos tipos de sonrisa. Y me alejaré de cualquier postura teorizante porque basta con ver para entender. Si paseamos durante unos minutos por cualquier centro de ciudad, nuestros ojos filmarán buena parte de ellas. Y al llegar a casa, muchas otras más íntimas y sinceras. Pero el negativo de nuestra retina no es nada revelador. Intuimos qué se esconde detrás de todas ellas. Por eso las correspondemos o las excusamos. Las ignoramos o reverenciamos. Sin embargo, hay una que sí merece un encuadre especial: la solidaria. El pasado 24 de diciembre leí un artículo de Almudena Grandes en su carrete habitual que la positivó en mi mente como una de las más importantes. Con sus palabras la escritora quiso felicitar la Navidad a héroes y luchadores de a pie. Entre otros, a los abuelos que en Nochebuena tuvieron que cocinarse una tortilla francesa para que a sus nietos les pueda caer algún juguete. Y no precisamente del cielo. Ésas son las más válidas. Incondicionales y amorosas. Transparentes y valientes. Como las de los ciudadanos que poco a poco, y aún noticia por su escasez, van cediendo durante un tiempo sus propiedades deshabitadas a víctimas de desahucios. Con el sufragio de los costes de mantenimiento como contraprestación. Chapó. Ése con el que algunos políticos deberían cubrir su sonrisa en el ejercicio de sus funciones. Que bendita la gracia que me haría que me operase un monologuista de la Paramount Comedy. O que me anestesiara la Vieja del Visillo. Ni sonrisas de cercanía ni infundios de consolación. La proximidad se alcanza con una proporcionalidad sensata de las rebajas y gravámenes en los diferentes estratos. Y ahí parece que vamos dando los primeros pasos. A ver si la revisión del régimen retributivo de los diputados manchegos se expande cual filoxera por toda la cepa política de nuestro país. Dejándonos de exclusividades o compatibilidades. O de butacas en las que se sienten. Que sólo así esos que sonríen se darían cuenta de que en el ágora únicamente deberían de hacerlo cuando se genere empleo. Algunos le llaman a este tijeretazo devaluación de la función política. Yo, sonrisa de solidaridad. Javier de Matrice.

SOBRE MÍ

SOBRE MÍ

EN TERCERA

Javier G. Cobo, nombre real de Javier de Matrice, nació en Madrid en 1982. Periodista digital y Licenciado en Comunicación Audiovisual por la Universidad Complutense de Madrid (2000-2005), ha sido becario de realización en Telemadrid y ha trabajado como redactor/presentador en Localia Fuenlabrada Televisión (2006). Su experiencia en radio pasa por la redacción/locución de los Servicios Informativos de Radio Complutense -107,5 FM- (2000-2004) y por la realización de crónicas y cuñas puntuales para Cadena Ser Madrid Sur. Es también diplomado en Arte Dramático por Metrópolis c.e. , y ha sido dirigido en teatro por Tina Sainz (preproducción de Nuestra Ciudad, 2004), Pilar Vicente (La tienda de los horrores, 2009), P. Moraelche (Bésame, tonto, 2010), Javier Delgado (El enfermo imaginario, 2011), Patricia Chávarri (El Rey Sol, 2012) y Alfonso Gómez (¡Usted es Ortiz!, 2013). Es asimismo autor de Los calostros de la Gachosa (teatro breve). En televisión ha colaborado como actor en programas como Cyberclub, La Nuestra o Sucedió en Madrid (Telemadrid, 2005). Actuaciones en cine [cortometrajes]: Así fue (Julia Gangutia, 2013), Ni siquiera Descartes (Trinidad Sánchez y Daniel Lavín González, 2013), Nada sin mí (Rodrigo Delgado y Jorge Escudero, 2013) y Extraterrestres generosos (Trinidad Sánchez, 2013). Actuaciones en web series: Sayón (The Executioner), dirigida por George Karja (2013-2014).
Contacto: javierdematrice@gmail.com