domingo, 6 de julio de 2008

¿HUMANOS O ANIMALES?

“DPM. Mira esa matrícula, tía. Cómo mola. Yo, cuando tenga coche, quiero una como ésa”. Con estas palabras una viandante de Madrid le comunicaba esta semana a su amiga la casualidad de encontrar una placa que inmortalizara una expresión muy común en su trémulo léxico, bien reconocido por sus vecinos del barrio.
Siglas de la altanería. Iniciales que quitan espinas al cactus de la vulgaridad. Pero el empleo de DPM, a pesar de su gran resonancia e impacto en los espacios de la correcta educación, es idóneo para remarcar nuestra alegría ante el ejercicio de la justicia. Muy certero su uso cuando descubrimos que los maltratadotes de animales reciben al fin su castigo. Cuando se condena a aquellas bestias que torturan a seres que no pueden verbalizar el miedo o desprecio a su verdugo, y que, si pudieran, lo harían probablemente con otras siglas que les gustarían mucho más a mis paisanas pokeras: HDP.

No recurriré a estas siglas para referirme a los que maltratan a animales. No es mi estilo. Pero sí les llamaré insensibles e inhumanos. A todos. Entre ellos, al grupo de jóvenes de Córdoba que hace poco rociaron con alquitrán a una perra con el fin de quemarla viva. Al hombre que hasta finales de mayo mantuvo atados a bidones a sus 50 perros en una finca de Lérida. Alimentados precariamente e inmovilizados por cuerdas de poco más de un metro de longitud. Al hombre que hace meses apaleó en Barcelona a la gata de su vecina hasta dejarla en la agonía. A los perversos que accedieron a las instalaciones de la protectora de animales de Carcaixent (Valencia) y agredieron a una mastina introduciéndole frutas por el ano - el animal murió tras ser sometido a diversas torturas-. Al hombre que hace poco desgarró también el recto de una yegua tras atarla, pegarla y abusar sexualmente de ella. A aquellos caprichosos que enjaulan y hacen penar a animales salvajes por puro excentricismo. Y, cómo no, a los dueños de los cerca de 300.000 perros y gatos que son abandonados cada año en nuestro país.

Mi regocijo lo alcanzo al ver que nuestra justicia se toma en serio las crueldades de estos despiadados: tres meses de prisión y una indemnización de 600 euros para el hombre que mató en Barcelona a la gata de su vecina. Condena de 12 euros diarios durante un mes a un hombre que lanzó tres gatos por la ventanilla de su coche (sólo sobrevivió uno). 900 euros de multa a cinco obreros de Ciempozuelos por matar a palos a dos felinos callejeros y provocar heridas a otros. Una condena de casi 500 euros a un hombre que provocó
en Madrid varias lesiones a dos gatos con su escopeta de aire comprimido. Y varios jóvenes imputados ante el Seprona por matar supuestamente a otros siete en Talavera.
Recordemos que protectoras como El Refugio recibieron el año pasado una media diaria de 129 avisos relacionados con el maltrato y abandono de animales. Si a esto le sumamos que aproximadamente 200.000 perros y gatos mueren anualmente por accidentes y que, según la asociación La Voz Animal, cerca de 75.000 perros y felinos son sacrificados cada año en nuestras perreras, ¿no parecen incluso flojas las condenas a estos hostigadores impávidos?

La creación de protectoras, las campañas contra los malos tratos y abandono de mascotas, las empresas a favor de la esterilización planificada, y los concursos de animales para el recaudo de fondos son pasos congénitos de los amantes de canes, gatos u otros animales de compañía. Pero el potencial de la concienciación social se encuentra en la revisión de las leyes y en el endurecimiento de las resoluciones punitivas. Se hace necesaria una actualización extremadamente moralizadora del artículo 337 del Código Penal. Si no, seguirán sufriendo los débiles. Los que son fieles. Aquellos que no guardan rencor.

Según Charles A. Dana, “el que un perro haya mordido a un hombre no es noticia. Una noticia es que un hombre haya mordido a su perro”. He aquí el problema: no cesan las noticias. El hombre "desgarra" con su dentadura la vísceras del perro y lo que no es perro. Por ello, la labor permanente del amante de los animales ha de ser la denuncia jurídica y social. Aunque sea nuestro vecino el responsable de las atrocidades. Es nuestro deber. Javier de Matrice

SOBRE MÍ

SOBRE MÍ

EN TERCERA

Javier G. Cobo, nombre real de Javier de Matrice, nació en Madrid en 1982. Periodista digital y Licenciado en Comunicación Audiovisual por la Universidad Complutense de Madrid (2000-2005), ha sido becario de realización en Telemadrid y ha trabajado como redactor/presentador en Localia Fuenlabrada Televisión (2006). Su experiencia en radio pasa por la redacción/locución de los Servicios Informativos de Radio Complutense -107,5 FM- (2000-2004) y por la realización de crónicas y cuñas puntuales para Cadena Ser Madrid Sur. Es también diplomado en Arte Dramático por Metrópolis c.e. , y ha sido dirigido en teatro por Tina Sainz (preproducción de Nuestra Ciudad, 2004), Pilar Vicente (La tienda de los horrores, 2009), P. Moraelche (Bésame, tonto, 2010), Javier Delgado (El enfermo imaginario, 2011), Patricia Chávarri (El Rey Sol, 2012) y Alfonso Gómez (¡Usted es Ortiz!, 2013). Es asimismo autor de Los calostros de la Gachosa (teatro breve). En televisión ha colaborado como actor en programas como Cyberclub, La Nuestra o Sucedió en Madrid (Telemadrid, 2005). Actuaciones en cine [cortometrajes]: Así fue (Julia Gangutia, 2013), Ni siquiera Descartes (Trinidad Sánchez y Daniel Lavín González, 2013), Nada sin mí (Rodrigo Delgado y Jorge Escudero, 2013) y Extraterrestres generosos (Trinidad Sánchez, 2013). Actuaciones en web series: Sayón (The Executioner), dirigida por George Karja (2013-2014).
Contacto: javierdematrice@gmail.com