domingo, 29 de junio de 2008

MUCHO SEXO

Abstinencia sexual durante cuatro años. La prescripción no era médica, sino circunstancial y por cuestiones de empresa. Pero millones de personas en todo el mundo ya han logrado el esperado orgasmo: la película de una serie que enseñó a las mujeres que ellas también pueden hablar de sexo sin tapujos. Como el que saluda al vecino recordándole el calor que hace o preguntándole cuándo toma sus vacaciones. Pero con una diferencia: la inteligencia como trasfondo. La madurez mental como matiz distintivo que las aleja de la trivialidad de muchas conversaciones protagonizadas desde tiempos inmemorables por el sexo masculino.
Tras seis temporadas hospedándose en nuestras casas, Sexo en Nueva York nos acomoda ahora en las butacas de nuestros cines para ponernos al día en la vida de cuatro mujeres que ya son todo un icono de la liberalización sexual de la mujer: Carrie, Samantha, Charlotte y Miranda. Personajes de ficción que probablemente hayan conformado la psicología o ideario de aquellos jóvenes que en el año 98 decidieron engancharse a una serie que taladraba ferozmente muchos tabúes sociales heredados de nuestra aún imperante sociedad machista.

La serie que el canal de cable HBO decidió emitir a finales del pasado siglo no sólo retrató inquietudes íntimas, sino que también contribuyó a cambiar o modificar la sociedad. A naturalizar actitudes o prácticas que pertenecían para muchas al mundo de lo fantasioso: la promiscuidad femenina, el empleo de los masturbadores, el consumo de hombres clinex, el exhibicionismo, las relaciones lésbicas o el sexo en el trabajo.

La película, dirigida por Michael Patrick King, es una continuidad por todo lo alto de los cortos capítulos que, durante tantos años, hicieron trasnochar no sólo a mujeres, sino también a aquellos hombres que querían conocer los secretos del mundo femenino. Lo no revelado por sus compañeras.

Algunos críticos consideran que el filme es un spin-off de la serie protagonizado por Carrie, la desventurada escritora adicta a caros zapatos y ropa de marca. Otros, como Ángeles López (La Razón, sábado 7 de junio de 2008, Sexismo en Nueva York,), ven en ella “90 minutos de frivolidad, culto a la ropa, lenguaje barato y ombliguismo femenino,..., todo aderezado con la búsqueda desesperanzada de pareja”.

Los más de 80 vestidos que Carrie Bradshaw luce en la película, sus adorados zapatos de marca, entre ellos los de Manolo Blahnik, el vestido de boda de Vivienne Westwood, o los numerosos cinturones que portan las actrices de Sexo en Nueva York, pueden hacer pensar –a quienes no lo hayan visto- que el filme se rige únicamente por principios estéticos. Es posible que muchos otros se nieguen a verlo únicamente por el tocado con mariposas y flores de Philip Treacy que la protagonista de Novia por contrato llevó el pasado 12 de mayo en el estreno en Londres de Sex and de City.

Cierto es que la película de Patrick King brilla por su filón publicitario. Además, tal y como apunta la periodista y escritora Ángeles López en su artículo de La Razón, el filme convierte a sus espectadores en publivictimistas, es decir, en víctimas de productos que no obtendrán jamás. “Miles de jovencitas añorarán lo que nunca podrán poseer, un objeto, no de moda, sino una vuelta al sexismo disfrazado de feminismo”, señalaba López. En este sentido, no creo que el suizo Yvan Rodic fotografíe a muchos urbanitas con la vestimenta del filme que en Estados Unidos ha logrado desbancar durante varios días al mismísimo Indiana Jones.

Pero la película tiene una base de humanidad, didáctica de la autoestima y solidaridad que está muy por encima de sus medios de financiación. A Sexo en Nueva York bien se la podría comparar con La señora Dalloway, novela escrita por Virginia Woolf. No sólo por el espíritu en cierta medida independiente de su protagonista, Clarissa, sino también por tratarse de una obra que, además de estar avalada por la belleza verbal -en Sexo en Nueva York, belleza visual-, profundiza como nadie en los sentimientos e ideas de sus personajes.

Sex and the City
es sobre todo una excepcional apología audiovisual de la amistad. 145 minutos de humor, sorpresas, erotismo y juego de sentimientos a cargo de Sarah Jessica Parker, Cynthia Nixon, Kristin Davis y la siempre airosa Kim Cattrall. Javier de Matrice.

SOBRE MÍ

SOBRE MÍ

EN TERCERA

Javier G. Cobo, nombre real de Javier de Matrice, nació en Madrid en 1982. Periodista digital y Licenciado en Comunicación Audiovisual por la Universidad Complutense de Madrid (2000-2005), ha sido becario de realización en Telemadrid y ha trabajado como redactor/presentador en Localia Fuenlabrada Televisión (2006). Su experiencia en radio pasa por la redacción/locución de los Servicios Informativos de Radio Complutense -107,5 FM- (2000-2004) y por la realización de crónicas y cuñas puntuales para Cadena Ser Madrid Sur. Es también diplomado en Arte Dramático por Metrópolis c.e. , y ha sido dirigido en teatro por Tina Sainz (preproducción de Nuestra Ciudad, 2004), Pilar Vicente (La tienda de los horrores, 2009), P. Moraelche (Bésame, tonto, 2010), Javier Delgado (El enfermo imaginario, 2011), Patricia Chávarri (El Rey Sol, 2012) y Alfonso Gómez (¡Usted es Ortiz!, 2013). Es asimismo autor de Los calostros de la Gachosa (teatro breve). En televisión ha colaborado como actor en programas como Cyberclub, La Nuestra o Sucedió en Madrid (Telemadrid, 2005). Actuaciones en cine [cortometrajes]: Así fue (Julia Gangutia, 2013), Ni siquiera Descartes (Trinidad Sánchez y Daniel Lavín González, 2013), Nada sin mí (Rodrigo Delgado y Jorge Escudero, 2013) y Extraterrestres generosos (Trinidad Sánchez, 2013). Actuaciones en web series: Sayón (The Executioner), dirigida por George Karja (2013-2014).
Contacto: javierdematrice@gmail.com