Confío en la justicia y en la demanda de severas justificaciones a la hora de formular excepciones reguladas a la norma. Porque la educación es el conocimiento de lo desconocido. Saber no significa llevar a la práctica, sino enriquecer nuestro entendimiento. El aprendizaje de lo igual y de lo diferente es lo que conforma nuestra identidad y nuestra tolerancia.
Con estas ideas como preámbulo entra en juego la protagonista de una prevista polémica: Educación para la ciudadanía.
Dicen algunos que la asignatura rebasa los límites de una educación ideológicamente neutral. Que de fondo se vislumbra la teoría del género. Que los padres son poseedores del derecho a educar a sus hijos en una sexualidad afín a sus convicciones, sin que ello vaya en detrimento de una formación basada en el respeto a otras inclinaciones sexuales. En definitiva, defensa de principios morales.
Pero todo esto me huele a tufillo político y religioso, respetable por otra parte. Cabe recordar que respeto, legalidad, libertad, participación y pluralismo son condiciones fundamentales para la vida en democracia, sin olvidarnos, por supuesto, de la igualdad.
Mas la realidad es otra muy distinta. La tolerancia cristalina o pura aún dista mucho de las pretensiones de muchos ciudadanos. Prueba de ello la tenemos en la opinión de una lectora del diario gratuito 20 minutos, que el martes 29 de abril nos sorprendía a los madrugadores con las siguientes declaraciones- publicadas en la sección Carta de los lectores-: “Operación triunfo se ha convertido en un arma de propaganda gay, ignoro si a propósito o no. Mientras mis hijos contemplaban, menos pasmados que yo, el beso ardiente y prolongado, recreado hasta el detalle por el cámara y jaleado convenientemente por el público, con el que el “novio” de un concursante gay recibió a su héroe, decidí darme de baja del concurso. No veo por qué los efluvios pasionales “homo” deben ser restregados ante una audiencia que en su mayoría no comparte la atracción por personas de su mismo sexo. Mientras la religión quiere desterrarse del espacio público,…, un exhibicionismo sexual explícito de todas las formas y colores ha tomado hasta los concursos más inofensivos. Antes de que la voz se estrenase para malvender una opción sexual, de la que no querría que mis hijos bebiesen, cantar era, ante todo, comunicar con lo trascendente y elevar el espíritu”.
Increíble. A veces pienso que las hormigas de Luis Buñuel en Un perro andaluz han invadido la mirada de muchos. ¿Existen anteojos tan opacos como para impedir que se perciba y asuma la realidad?
En primer lugar hay que decir que el "héroe" no besó a su novio, sino a su marido. Están casados. Falta de seguimiento del programa.
En segundo lugar, señalar que la libertad de expresión da rienda suelta, en muchas ocasiones, a auténticas “obras de arte”. Viva la tolerancia.
Y en tercer lugar, dos cuestiones. Según se deriva de la opinión de la lectora, ¿habría que entender que la televisión no debería mostrar besos entre heterosexuales al no compartir los homosexuales la “atracción” por personas de diferente sexo? ¿Operación Triunfo ya no es un programa “inofensivo”? . Como diría el refrán: “Mucho saber del cielo y poco saber del suelo”. Javier de Matrice.