Nos asusta en extremo el raquitismo que pueda provocar la Navidad en nuestras cuentas bancarias. O no disponer del dinero suficiente para poder huir de las repetidas -hasta la saciedad- reposiciones televisivas sobre reyes magos, hijos, padres, espíritus santos y hombres con barba blanca poseidos por risas afónicas. Nos gusta la pandereta, para qué negarlo. Y si está acompañada con el mejor cava, este año servido por Gemma Mengual y sus compañeras, mejor que mejor. Pero parecemos ignorar lo que ocurre de puertas hacia fuera. El daño que podemos causar a nuestro medio ambiente con aquellas costumbres y usos que tienen el confort y el adorno como base o aval. La nocividad, en definitiva, del consumo de plásticos, multiplicado hasta límites desconsiderables durante estas fechas: envoltorios de cestas, regalos y artículos de decoración, embalajes de productos perecederos y envíos especiales, bolsas de tiendas de alimentación, moda o complementos, etc. ¿Hasta cuándo el sinsentido de tanto plástico contaminante? Suerte que ya hay lugares en nuestro país que luchan por poner fin a las bolsas no- biodegradables. A la vanguardia de estos rincones está -como siempre- Cataluña, cuyo parlamento pretende dar luz verde en el último pleno del año a una enmienda a los presupuestos autonómicos que prohíba a tiendas y centros comerciales el reparto gratuito de este tipo de bolsas desde el 2009. Se persigue con ello la reducción de su consumo en un 30%, con vistas a un descenso del 50% en 2012, retos similares a los que ya planteó el Ministerio de Medio Ambiente en el borrador del Plan Nacional Integrado de Residuos, dado a conocer en enero del presente año. El documento elaborado por el Gobierno central establecía una reducción -en el uso de bolsas- del 50% para el 2010, fijándose para el 2015 un descenso del 70%. Esperemos que, en este sentido, nuestro país no reproduzca el camino que está siguiendo con Kioto, pues, según el Informe de gases de efecto invernadero 2007 presentado a principios del mes de noviembre por Comisiones Obreras, España emite un 37% más de lo acordado en el protocolo de referencia para luchar contra el cambio climático. Pero, aunque sea sobre terrenos bastante sólidos, esto sólo son previsiones de futuro. De momento, hay ciudades en las que han surgido buenas iniciativas de concienciación. Es el caso de Tarrasa, donde los panaderos han enviado a cada hogar una bolsa de tela sin coste alguno para el destinatario. O de una cadena de supermercados de Cataluña que viene descontando dos céntimos -por cada diez euros de compra- a aquellos clientes que decidan prescindir de bolsa. O de Galicia, que el pasado 25 de septiembre repartió en las puertas de los comercios miles de bolsas biodegradables. Todo esto mientras en una conocida cadena de hipermercados presente en casi todas las ciudades de España cobran por adquirir este material elaborado a base de almidón de patata. ¿Es lógico que haya que pagar para poder ser respetuoso con nuestro entorno natural? ¿No debería ser –en el peor de los casos- al revés? A buen puerto hemos ido a parar. Sobre todo si nos medimos con Bangladesh, que impone grandes sanciones a todo aquel que porte bolsas de plástico, con Zanzibar (Tanzania), que prohíbe la producción y exportación de este producto contaminante, multando también a quienes incumplen la normativa, o con la mismísima ciudad de San Francisco ( EE UU), en cuyos grandes supermercados está vetada la bolsa no-biodegradable. Aunque las comparaciones sean odiosas, debemos dar solución al uso abusivo de unas bolsas que tardan décadas en descomponerse. Para revitalizar la importancia de una reflexión que nos lleve a un compromiso absolutamente necesario con el cuidado de nuestro medio ambiente, basta con recordar que en España gastamos unos 10.000 millones de bolsas de plástico al año, generando así anualmente unas 100.000 toneladas de este tipo de desecho. Si a esto le añadimos que el 80% de los más de 6, 5 millones de toneladas de basura que acaban cada año en el mar son plástico; que, según datos de Greenpeace, en nuestra costa mediterránea, así como en la francesa e italiana, hay más de 1.900 unidades de este material por kilómetro cuadrado –los océanos, vistos así, son auténticos vertederos-; y, finalmente, que hay más de 267 especies marinas, entre fauna y flora, afectadas por los vertidos plásticos, entre ellas las tortugas bobas, que en ocasiones mueren ahogadas al confundirlos con las medusas con las que se alimentan, ¿ no piensan que las bolsas de tela son la mejor alternativa a este desbordamiento de basura, emisora de metano en el caso de los vertederos al aire libre? Lejos quedan las bolsas de ganchillo tejidas por nuestras abuelas, los bolsos de textil plástico con anillas metálicas- más modernos- que podían durar años y años, o el golpeteo de las ruedas de los carros de compra en las escaleras comunitarias. Hoy predominan las compras en coche. Parceladas por bolsas y bolsas de plástico. En ocasiones, dos o tres si compramos pescado. Mucha cabeza, reciclaje y demandas de intervención política son las tres únicas soluciones al alcance de nuestras manos. Actuemos desde ya mismo. De lo contrario, terminaremos invadidos, no por clones o personajes ficticios de sagas de cine, sino por auténticas heces plásticas. Por Javier de Matrice.
domingo, 30 de noviembre de 2008
¡SOS!
Nos asusta en extremo el raquitismo que pueda provocar la Navidad en nuestras cuentas bancarias. O no disponer del dinero suficiente para poder huir de las repetidas -hasta la saciedad- reposiciones televisivas sobre reyes magos, hijos, padres, espíritus santos y hombres con barba blanca poseidos por risas afónicas. Nos gusta la pandereta, para qué negarlo. Y si está acompañada con el mejor cava, este año servido por Gemma Mengual y sus compañeras, mejor que mejor. Pero parecemos ignorar lo que ocurre de puertas hacia fuera. El daño que podemos causar a nuestro medio ambiente con aquellas costumbres y usos que tienen el confort y el adorno como base o aval. La nocividad, en definitiva, del consumo de plásticos, multiplicado hasta límites desconsiderables durante estas fechas: envoltorios de cestas, regalos y artículos de decoración, embalajes de productos perecederos y envíos especiales, bolsas de tiendas de alimentación, moda o complementos, etc. ¿Hasta cuándo el sinsentido de tanto plástico contaminante? Suerte que ya hay lugares en nuestro país que luchan por poner fin a las bolsas no- biodegradables. A la vanguardia de estos rincones está -como siempre- Cataluña, cuyo parlamento pretende dar luz verde en el último pleno del año a una enmienda a los presupuestos autonómicos que prohíba a tiendas y centros comerciales el reparto gratuito de este tipo de bolsas desde el 2009. Se persigue con ello la reducción de su consumo en un 30%, con vistas a un descenso del 50% en 2012, retos similares a los que ya planteó el Ministerio de Medio Ambiente en el borrador del Plan Nacional Integrado de Residuos, dado a conocer en enero del presente año. El documento elaborado por el Gobierno central establecía una reducción -en el uso de bolsas- del 50% para el 2010, fijándose para el 2015 un descenso del 70%. Esperemos que, en este sentido, nuestro país no reproduzca el camino que está siguiendo con Kioto, pues, según el Informe de gases de efecto invernadero 2007 presentado a principios del mes de noviembre por Comisiones Obreras, España emite un 37% más de lo acordado en el protocolo de referencia para luchar contra el cambio climático. Pero, aunque sea sobre terrenos bastante sólidos, esto sólo son previsiones de futuro. De momento, hay ciudades en las que han surgido buenas iniciativas de concienciación. Es el caso de Tarrasa, donde los panaderos han enviado a cada hogar una bolsa de tela sin coste alguno para el destinatario. O de una cadena de supermercados de Cataluña que viene descontando dos céntimos -por cada diez euros de compra- a aquellos clientes que decidan prescindir de bolsa. O de Galicia, que el pasado 25 de septiembre repartió en las puertas de los comercios miles de bolsas biodegradables. Todo esto mientras en una conocida cadena de hipermercados presente en casi todas las ciudades de España cobran por adquirir este material elaborado a base de almidón de patata. ¿Es lógico que haya que pagar para poder ser respetuoso con nuestro entorno natural? ¿No debería ser –en el peor de los casos- al revés? A buen puerto hemos ido a parar. Sobre todo si nos medimos con Bangladesh, que impone grandes sanciones a todo aquel que porte bolsas de plástico, con Zanzibar (Tanzania), que prohíbe la producción y exportación de este producto contaminante, multando también a quienes incumplen la normativa, o con la mismísima ciudad de San Francisco ( EE UU), en cuyos grandes supermercados está vetada la bolsa no-biodegradable. Aunque las comparaciones sean odiosas, debemos dar solución al uso abusivo de unas bolsas que tardan décadas en descomponerse. Para revitalizar la importancia de una reflexión que nos lleve a un compromiso absolutamente necesario con el cuidado de nuestro medio ambiente, basta con recordar que en España gastamos unos 10.000 millones de bolsas de plástico al año, generando así anualmente unas 100.000 toneladas de este tipo de desecho. Si a esto le añadimos que el 80% de los más de 6, 5 millones de toneladas de basura que acaban cada año en el mar son plástico; que, según datos de Greenpeace, en nuestra costa mediterránea, así como en la francesa e italiana, hay más de 1.900 unidades de este material por kilómetro cuadrado –los océanos, vistos así, son auténticos vertederos-; y, finalmente, que hay más de 267 especies marinas, entre fauna y flora, afectadas por los vertidos plásticos, entre ellas las tortugas bobas, que en ocasiones mueren ahogadas al confundirlos con las medusas con las que se alimentan, ¿ no piensan que las bolsas de tela son la mejor alternativa a este desbordamiento de basura, emisora de metano en el caso de los vertederos al aire libre? Lejos quedan las bolsas de ganchillo tejidas por nuestras abuelas, los bolsos de textil plástico con anillas metálicas- más modernos- que podían durar años y años, o el golpeteo de las ruedas de los carros de compra en las escaleras comunitarias. Hoy predominan las compras en coche. Parceladas por bolsas y bolsas de plástico. En ocasiones, dos o tres si compramos pescado. Mucha cabeza, reciclaje y demandas de intervención política son las tres únicas soluciones al alcance de nuestras manos. Actuemos desde ya mismo. De lo contrario, terminaremos invadidos, no por clones o personajes ficticios de sagas de cine, sino por auténticas heces plásticas. Por Javier de Matrice.
domingo, 23 de noviembre de 2008
NO ESTÁ DE MODA PRACTICAR SEXO
domingo, 16 de noviembre de 2008
DIVORCIADOS
domingo, 9 de noviembre de 2008
EPÍSTOLA AL JUEZ GARZÓN
Estimado juez Baltasar Garzón:
Le desea una pronta recuperación, Javier de Matrice
domingo, 2 de noviembre de 2008
DIARIO DE UNA NINFÓMANA
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SOBRE MÍ
EN TERCERA
Javier G. Cobo, nombre real de Javier de Matrice, nació en Madrid en 1982. Periodista digital y Licenciado en Comunicación Audiovisual por la Universidad Complutense de Madrid (2000-2005), ha sido becario de realización en Telemadrid y ha trabajado como redactor/presentador en Localia Fuenlabrada Televisión (2006). Su experiencia en radio pasa por la redacción/locución de los Servicios Informativos de Radio Complutense -107,5 FM- (2000-2004) y por la realización de crónicas y cuñas puntuales para Cadena Ser Madrid Sur. Es también diplomado en Arte Dramático por Metrópolis c.e. , y ha sido dirigido en teatro por Tina Sainz (preproducción de Nuestra Ciudad, 2004), Pilar Vicente (La tienda de los horrores, 2009), P. Moraelche (Bésame, tonto, 2010), Javier Delgado (El enfermo imaginario, 2011), Patricia Chávarri (El Rey Sol, 2012) y Alfonso Gómez (¡Usted es Ortiz!, 2013). Es asimismo autor de Los calostros de la Gachosa (teatro breve). En televisión ha colaborado como actor en programas como Cyberclub, La Nuestra o Sucedió en Madrid (Telemadrid, 2005). Actuaciones en cine [cortometrajes]: Así fue (Julia Gangutia, 2013), Ni siquiera Descartes (Trinidad Sánchez y Daniel Lavín González, 2013), Nada sin mí (Rodrigo Delgado y Jorge Escudero, 2013) y Extraterrestres generosos (Trinidad Sánchez, 2013). Actuaciones en web series: Sayón (The Executioner), dirigida por George Karja (2013-2014).
Contacto: javierdematrice@gmail.com