No podía respirar bien. Sentía en el fondo de su garganta un
ardor que ni mil agujas incandescentes le hubieran podido procurar. Sus ojos
latían sin lágrima que los aliviara. Sabía que no era una más de sus
pesadillas. No había sábanas bajo las que enroscarse. Ni espejo al que mirarse.
Sólo ella arrodillada. Y bajo su frente, su propio cuerpo. Un vientre que hacía
bien poco albergaba una falsa esperanza de felicidad que al fondo lloraba.
Únicamente eso le preocupaba, la soledad de su niño. Ser oscura ante los ojos
de su Ernestito. Desaparecer de la vista de esos lucerillos negros del tamaño
de dos platos que tanta vida le dieron. “Ya está, hija”, oyó. Era su tía
Carmen, a la que hacía quince años que no veía. Miró a su alrededor y allí
estaban todos. Sus abuelos Nicolás y José, su amiga Jacinta, María Luisa y
Pepa, las del estanco, su cuñada Eva… Todos la abrazaban. Llovían las caricias
y los gestos más tiernos. Sobre ruedas venía el sosiego. Y sobre garrota,
alguien que nunca conoció pero vio siempre en fotos: su abuela. La yaya
Francisca entraba a la cocina con pisada fuerte y semblante serio. Como cuando,
según cuentan, fue a cantarle las cuarenta al alcalde del pueblo en tiempos de
posguerra. Admirada y respetada, sólo le bastó con dar dos pasos al frente para
que todos le abrieran paso con reverencias contenidas. Clara rompió a llorar y
Francisca se acercó a levantarla. En su mirada no había lágrimas, sólo sed de
justicia. Se abrazaron y desparecieron todos, quedando sólo el llanto atronador
del bebé. Sí, es ficción de cosecha propia. Pero aún hay manos que poco tiemblan
a la hora de matarlas. Durante el 2012, 46 casos comprobados y otros cuatro en
proceso de investigación. Escalofriante el dato, a pesar de que el número haya
ido a menos si lo comparamos con años anteriores. Eso aquí, que allí ni te
cuento. ¿Cuántas Amanat en India? ¿Para cuándo la igualdad global? A las
cuatro mujeres que representan a New Hampshire en el Capitolio. A
Sonia Gumpert, primera decana de los abogados madrileños. O a Seiko Noda y
Sanae Takaichi, políticas japonesas que han logrado acceder a la cúpula del país
nipón. A todas ellas, gracias. Vuestro reconocimiento también es nuestra pancarta.
Javier de Matrice.
SOBRE MÍ
EN TERCERA
Javier G. Cobo, nombre real de Javier de Matrice, nació en Madrid en 1982. Periodista digital y Licenciado en Comunicación Audiovisual por la Universidad Complutense de Madrid (2000-2005), ha sido becario de realización en Telemadrid y ha trabajado como redactor/presentador en Localia Fuenlabrada Televisión (2006). Su experiencia en radio pasa por la redacción/locución de los Servicios Informativos de Radio Complutense -107,5 FM- (2000-2004) y por la realización de crónicas y cuñas puntuales para Cadena Ser Madrid Sur. Es también diplomado en Arte Dramático por Metrópolis c.e. , y ha sido dirigido en teatro por Tina Sainz (preproducción de Nuestra Ciudad, 2004), Pilar Vicente (La tienda de los horrores, 2009), P. Moraelche (Bésame, tonto, 2010), Javier Delgado (El enfermo imaginario, 2011), Patricia Chávarri (El Rey Sol, 2012) y Alfonso Gómez (¡Usted es Ortiz!, 2013). Es asimismo autor de Los calostros de la Gachosa (teatro breve). En televisión ha colaborado como actor en programas como Cyberclub, La Nuestra o Sucedió en Madrid (Telemadrid, 2005). Actuaciones en cine [cortometrajes]: Así fue (Julia Gangutia, 2013), Ni siquiera Descartes (Trinidad Sánchez y Daniel Lavín González, 2013), Nada sin mí (Rodrigo Delgado y Jorge Escudero, 2013) y Extraterrestres generosos (Trinidad Sánchez, 2013). Actuaciones en web series: Sayón (The Executioner), dirigida por George Karja (2013-2014).
Contacto: javierdematrice@gmail.com
