Aún me acuerdo de cuando eran negros y
cilíndricos, hechos de goma dura. No tan esquineros como los de ahora, sino más
al alcance de la vecina con sobrepeso de papo. De aquellas que jugaban al
lanzamiento de bolsas sin importarles el susto de los viandantes ni los
horarios de recogida. Canastas con críticas bien merecidas por parte de los
comités marujiles y época de bonanza
para gatos, siempre hurgando entre montones de desechos para dar caza a una
tapa de yogur o a vísceras de pescadilla. Distintas formas y también diferente
fondo el de los cubos, aleccionado afortunadamente por la sostenibilidad del environment y la lógica del ahorro.
Según datos de Ecoembes, la tasa de reciclado de envases domésticos en nuestro
país sigue creciendo, habiendo logrado el pasado año un apunte del 70%. Reseña
sin duda alguna positiva si tenemos en cuenta que lo soterrado a día de hoy no
son sólo estos monstruos bandeados por colores, sino el consumo en sí mismo.
Esta vez descalabrado por una bolsa que no es la de la papona de turno. Pero
aún le queda mucha carrera a la praxis clasificatoria y recicladora de los
amos/as de casa y consumidores en calle. Nada más y nada menos que un 23% de
los desechos introducidos en los contenedores amarillos de nuestro país se
deposita en éstos indebidamente. Media que pone de manifiesto mucho oído pachorro
o un daltonismo con embalaje de tendencia. Por no hablar de que –según cifras
de la iniciativa Retorna- en nuestro país sólo tres de cada diez envases de
bebidas de un único uso irían a parar a los contenedores de reciclaje. Lamentable.
Bailo el agua en este sentido a los que abogan por poner precio al envase
desechable de cualquier refrigerio. ¿Cómo? Pagando cuando lo adquirimos equis cantidad
de céntimos a modo de depósito, importe que se nos reembolsará posteriormente
cuando lo devolvamos vacío. Así lo promueve Retorna dentro de su propósito de
Residuo Cero. Práctica prima hermana de los casquetes degüelva de antaño que se ha implantado con éxito en países como Noruega,
Dinamarca o Alemania, llegando a alcanzarse en tierras germanas un porcentaje
de retorno del 98,5%. “Porque las conductas, como las enfermedades, se contagian
de unos a otros”, sentenció Francis Bacon en su momento. ¡Y un sifón!, le digo
yo al filósofo. Me temo que en este sentido estamos irresponsablemente muy bien
vacunados contra el virus del saber hacer. Para variar. Javier de Matrice.
SOBRE MÍ
EN TERCERA
Javier G. Cobo, nombre real de Javier de Matrice, nació en Madrid en 1982. Periodista digital y Licenciado en Comunicación Audiovisual por la Universidad Complutense de Madrid (2000-2005), ha sido becario de realización en Telemadrid y ha trabajado como redactor/presentador en Localia Fuenlabrada Televisión (2006). Su experiencia en radio pasa por la redacción/locución de los Servicios Informativos de Radio Complutense -107,5 FM- (2000-2004) y por la realización de crónicas y cuñas puntuales para Cadena Ser Madrid Sur. Es también diplomado en Arte Dramático por Metrópolis c.e. , y ha sido dirigido en teatro por Tina Sainz (preproducción de Nuestra Ciudad, 2004), Pilar Vicente (La tienda de los horrores, 2009), P. Moraelche (Bésame, tonto, 2010), Javier Delgado (El enfermo imaginario, 2011), Patricia Chávarri (El Rey Sol, 2012) y Alfonso Gómez (¡Usted es Ortiz!, 2013). Es asimismo autor de Los calostros de la Gachosa (teatro breve). En televisión ha colaborado como actor en programas como Cyberclub, La Nuestra o Sucedió en Madrid (Telemadrid, 2005). Actuaciones en cine [cortometrajes]: Así fue (Julia Gangutia, 2013), Ni siquiera Descartes (Trinidad Sánchez y Daniel Lavín González, 2013), Nada sin mí (Rodrigo Delgado y Jorge Escudero, 2013) y Extraterrestres generosos (Trinidad Sánchez, 2013). Actuaciones en web series: Sayón (The Executioner), dirigida por George Karja (2013-2014).
Contacto: javierdematrice@gmail.com
